¡Saludos a todos! Aprovecho este primer post para dar la bienvenida a lo que espero resulte en un proyecto fructífero e interesante.
En este primer post voy a introducir un tema que me toca de cerca por deformación profesional. Se trata de la incipiente rama técnica de la computación ubicua.
Esta rama de la ingeniería investiga cómo se puede añadir inteligencia a los objetos más cotidianos, de tal manera que la vida cotidiana resulte más fácil sin que realmente percibamos que estamos usando toda esa "inteligencia".
En los últimos tiempos hemos visto cómo la tecnología se ha introducido en todos los rincones de la vida cotidiana. Basta pensar un poco para que muchos ejemplos vengan a la mente (desde avanzados sistemas como el acceso a internet con el teléfono móvil, a pequeños detalles como las llaves de coche con cierre electrónico, pasando por tarjetas monedero, DNI electrónico y un largo etcétera). Hoy en día, con aparatos electrónicos cada vez más pequeños y potentes, y con sistemas de comunicaciones cada vez más accesibles y con más capacidad, no es extraño que el siguiente paso sea incorporar estos elementos a las tareas del día a día. El día en el que la nevera nos haga la lista de la compra o nos presentemos en una reunión simplemente dándonos la mano no está tan lejos.
Pero, por supuesto, no todo es tan bonito. El primer (y muy importante) problema que surge cuando se piensa en un mundo tecnológicamente ubicuo es la invasión de la privacidad. Intercambiar datos personales en Internet resulta hoy en día seguro aunque, para muchos, incómodo. Y es un hecho que muchos de los nuevos servicios que disfrutaremos en un futuro próximo requerirá el envío de información personal a través de estos nuevos "objetos inteligentes". Un ejemplo: llegamos al Parking del aeropuerto, el sistema nos reserva una plaza y nos guía hasta ella; al salir, nosotros proveemos automáticamente nuestros datos para que se nos cargue el cobro a nuestra cuenta bancaria y se levante la barrera. Es evidente que estas nuevas formas de comunicación, por su novedad, entrañan en principio nuevos riesgos a la seguridad de nuestros datos privados. En un mundo donde nuestro teléfono móvil recibe automáticamente información sobre monumentos, tiendas o servicios públicos cercanos, ¿sería posible invertir los papeles y realizar un seguimiento de dónde ha estado una persona sin que ésta lo sepa?
Como apasionado de la tecnología, admito que este nuevo panorama supone un reto técnico realmente interesante, pero admito que también entraña ciertos peligros si no se desarrolla poniendo especial atención a la seguridad. Pero pese a ello, ¿debería ponerse un límite al alcance de las nuevas tecnologías?
miércoles, 22 de octubre de 2008
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