sábado, 25 de octubre de 2008

Electronica en todas partes o el feedback de los aparatos

Desde el desconocimiento de alguien que se mueve en un mundo en que los electrones son algo pequeño y lejano, la curiosidad abre ante mis ojos un mundo en que desde hace un breve periodo todo pasa por un mini-procesador. Desde algo tan sencillo e inofensivo como un reloj hasta la "complejidad" del sistema integrado de firewall del módem de internet.
Para que nos entendamos, con computación ubicua nos referimos a que casi todas las cosas para las que usamos aparatos tienen ya componente electrónico.

No nos sentimos amenazados por ello en sentido global, tal vez sólo aquellos que se vieron desplazados por el componente generacional y parecen esclavizados por tediosos manuales de instrucciones al haber abandonado el instructivo juego infantil del ensayo-error tocando botones aleatoriamente. Para esta sensación de pánico, existe toda una profesión de desarrolladores que se encargan de transformar los aparatos más innovadores del mercado en elementos más simples, manejables con muchos menos botones e incluso a estas alturas con pantalla táctil u órdenes de voz. Parecería solucionado lo que la mayoría (inciso: tristemente somos una población envejecida, necesitamos un nuevo baby boom) considera el mayor problema, pero que como apuntaba Tako, no lo es.

La verdadera revolución tecnológica se da con la inteligencia artificial. Hace mucho más interesante el uso de este tipo de aparatos, que son capaces de almacenar información útil mientras hacen lo que les piden consiguiendo, por ejemplo, que las búsquedas de internet sean más rápidas y eficientes dándote lo demandado por la mayoría y lo relacionado con lo que sueles buscar o que el GPS sepa cuales son tus lugares favoritos o donde fuiste la última vez, para que puedes acceder directamente a esos destinos. Sin embargo, desde el momento en que esa retroalimentación informativa que parece tan saprófita e inofensiva se combina con una conexión a internet o un GPS, puede darse que al demandar información también informe a terceros de lo que hace. De este tipo de actividades surgen excelentes estudios de mercado que saben cuánto tiempo pasa cada uno en internet, qué periódico digital lee, qué música escucha, qué tipo de películas le gustan, dónde ha ido últimamente...

¡Pues claro señores! Esto no es nuevo, hecho el medio, hecho el pirata y hecha la ley, hecha la trampa. Bienvenidos al mundo real, y que conste que matrix aún no llegó y la información es más libre que nunca, aunque siempre habrá censura.

La ley nos protege sobre cada posible abuso que la tecnología pone a disposición del más puntero de los timadores. De ahí surgen los permisos que salen a modo de pop-ups cada 3 segundos tanto en el explorador de internet como en los programas de cada aparato electrónico y las cadenitas de emails que enlentecen nuestra eficiencia cada día: ¿quiere usted que windows envíe...? ¿quiere hacer sus búsquedas más eficientes? ¿quiere intercambiar archivos más rápido a cambio de compartir los suyos? ¿quiere bajarse este programa para ver si fulano le ha borrado del messenger y otras funciones (que incluyen espiar lo que tú te bajas y haces) ?

En nuestras manos está reenviar los emails de interés borrando las listas de emails previos, no aceptar cualquier ventana que nos salga, no bajarnos un programa sin saber bien lo que hace, no dar permisos sin leer para que los das, usar los programas cuidándonos de la configuración, tener cuidado con lo que escribimos de nosotros en Internet y de los contratos que aceptamos de divulgación y empleo de esa información, en qué páginas metemos nuestra tarjeta de crédito, de informarnos bien sobre las promociones que regalan dinero y viajes y las catástrofes que ocurrirán si no reenviamos un email a 100 personas y al que te lo envió ( de las que se crean listas de correo para enviar publicidad) y todas esas cosas que no haríamos en vivo o por teléfono por ser suspicaces al respecto.

Toda actividad entraña peligro, pero no por ello vamos a convertirnos en un vegetal y limitarnos a la fotosíntesis. Hay una teoría que dice que los psicópatas y abusadores forman parte de la evolución de la especie. De modo, que cuando hay demasiados el groso de la población toma medidas y anula a la mayoría, pero ellos controlan el número de individuos no evolucionados y más lentos de reacción que caen en sus trampas y no se pueden desarrollar ni reproducirse con facilidad al ser eliminados por los primeros o estar demasiado ocupados reparando el desastre que crearon en sus vidas como para hacerlo.

Otras teorías de las tendencias reproductivas en próximas discusiones.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Computación ubicua

¡Saludos a todos! Aprovecho este primer post para dar la bienvenida a lo que espero resulte en un proyecto fructífero e interesante.

En este primer post voy a introducir un tema que me toca de cerca por deformación profesional. Se trata de la incipiente rama técnica de la computación ubicua.
Esta rama de la ingeniería investiga cómo se puede añadir inteligencia a los objetos más cotidianos, de tal manera que la vida cotidiana resulte más fácil sin que realmente percibamos que estamos usando toda esa "inteligencia".
En los últimos tiempos hemos visto cómo la tecnología se ha introducido en todos los rincones de la vida cotidiana. Basta pensar un poco para que muchos ejemplos vengan a la mente (desde avanzados sistemas como el acceso a internet con el teléfono móvil, a pequeños detalles como las llaves de coche con cierre electrónico, pasando por tarjetas monedero, DNI electrónico y un largo etcétera). Hoy en día, con aparatos electrónicos cada vez más pequeños y potentes, y con sistemas de comunicaciones cada vez más accesibles y con más capacidad, no es extraño que el siguiente paso sea incorporar estos elementos a las tareas del día a día. El día en el que la nevera nos haga la lista de la compra o nos presentemos en una reunión simplemente dándonos la mano no está tan lejos.
Pero, por supuesto, no todo es tan bonito. El primer (y muy importante) problema que surge cuando se piensa en un mundo tecnológicamente ubicuo es la invasión de la privacidad. Intercambiar datos personales en Internet resulta hoy en día seguro aunque, para muchos, incómodo. Y es un hecho que muchos de los nuevos servicios que disfrutaremos en un futuro próximo requerirá el envío de información personal a través de estos nuevos "objetos inteligentes". Un ejemplo: llegamos al Parking del aeropuerto, el sistema nos reserva una plaza y nos guía hasta ella; al salir, nosotros proveemos automáticamente nuestros datos para que se nos cargue el cobro a nuestra cuenta bancaria y se levante la barrera. Es evidente que estas nuevas formas de comunicación, por su novedad, entrañan en principio nuevos riesgos a la seguridad de nuestros datos privados. En un mundo donde nuestro teléfono móvil recibe automáticamente información sobre monumentos, tiendas o servicios públicos cercanos, ¿sería posible invertir los papeles y realizar un seguimiento de dónde ha estado una persona sin que ésta lo sepa?
Como apasionado de la tecnología, admito que este nuevo panorama supone un reto técnico realmente interesante, pero admito que también entraña ciertos peligros si no se desarrolla poniendo especial atención a la seguridad. Pero pese a ello, ¿debería ponerse un límite al alcance de las nuevas tecnologías?